El artilugio que veis en la fotografía probablemente sea el “eslabón perdido” entre los automóviles y las locomotoras, con un desproporcionado morro de casi 2 metros y medio de longitud y metro y medio de altura, el detalle más absurdo y característico de este automóvil. Veamos pues la historia del vehículo de 1912 del Señor Blackiston.
Su propietario no lo construyó con el objetivo de comercializarlo sino simplemente como divertimento y para tener un medio de transporte que le permitiese viajar con comodidad a gran velocidad, de hecho se propuso batir el record de velocidad máxima que entonces ostentaba el no menos sorprendente “Blitzen” Benz de Mercedes, que superaba los 200 km/h. Para ello alojó en su desproporcionado morro un motor que se decía superaba los 90 CV.
Nos podemos imaginar las dificultades que podía tener su conductor/propietario/diseñador para conducir con la poca visibilidad que le permitía el gigantesco morro y los aún más incomprensibles retrovisores encima de éste. Por desgracia como muchos habeis podido intuir la historia no acabó bien y en uno de sus paseos no pudo ver a una mujer que andaba por la calzada (en 1913 no había demasiados coches) y acabó atropellándola.
De este extraño vehículo no se sabe nada más, suponemos que después de esta trágica experiencia su propietario dejaría de conducirlo…
Vía: Hemmings
Si te gustó este artículo y quieres conocer más Historias del Motor, suscríbete a nuestro Feed

MENUDA HISTORIA…AUNQUE PARA HISTORIAS LA QUE SE CUENTA LA GENTE EN EL CONCURSO DE SEAT…el que gana se lleva un Ibiza…mirad en la pagina seat.es y partiros la caja